Marcha #VibraMéxico sin poder de convocatoria; participantes reconocieron la poca asistencia

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Quienes encabezaron la marcha #VibraMéxico parecían tener la urgencia de finalizar lo más pronto posible el episodio, probado ya su escaso poder de convocatoria, pese al respaldo de Televisa y muchos otros medios de comunicación.
La marcha ‘‘apartidista, pacífica y respetuosa’’ partió del Auditorio Nacional antes de la hora programada. En la primera porción de contingentes, detrás de la descubierta que encabezaban personajes como María Elena Morera (México Unido, amiga de Genaro García Luna), María Amparo Casar (ex asesora de Santiago Creel en su calidad de secretario de Gobernación) y el encuestador Roy Campos, dominaban letreros contra Donald Trump, uno que otro con referencias genéricas a la corrupción y la inseguridad, como si los corruptos no tuviesen nombres ni apellidos.
‘‘¡Mé-xi-co, Mé-xi-co!’’ Los gritos clásicos de las justas deportivas se impusieron a las consignas políticas, aunque las hubo. ‘‘¡No a las deportaciones!’’, ‘‘¡No al muro!’’, las más usadas, como si la ‘‘sociedad civil’’ acabase de descubrir la vieja tragedia de los migrantes.
En toda la marcha, sin embargo, se colaron las pancartas garabateadas por ciudadanos como Alejandro Herrera, quien llegó con su cartel que decía ‘‘Trump trompa stink’’. ‘‘La trompa de Trump apesta’’, explicaba para los viajeros del Metro.
‘‘Yo vengo contra Trump, no por Peña. ¿Que esta marcha le va dar aire a Peña? Puede ser, pero no le va a durar’’, dijo el profesor universitario, uno de los muchos que llegaron por su propio pie, sin bandería ni líder.
A pesar de los espontáneos, de acuerdo a La Jornada, la marcha fracasó en toda la línea (‘‘Dios no quiera que Trump se burle en Twitter’’, se escuchó por ahí). La derrota fue reconocida desde temprano por algunos de los principales convocantes con frases exculpatorias (‘‘no importa el tamaño de la marcha, aunque seamos pocos seremos más’’).
A Trump se le llamó el racista, el xenófobo, el belicista, el loco. Esta marcha fue convocada por un amplio abanico de cien organizaciones de la ‘‘sociedad civil’’, de derecha a izquierda, por intelectuales con potentes voces en la opinión pública –o al menos en los medios importantes­– y por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Graue. “Pero si nos atenemos a algunos de los cálculos de los asistentes, esas potentes voces convocaron apenas a unos 5 mil militantes, simpatizantes o adherentes.
Queda ahí la hipótesis de trabajo: a la evidente crisis de representación política (12 por ciento del presidente Peña Nieto) se suma una clarísima crisis de representación social. La ‘unidad en la diversidad’, que tan bien le funcionaría a la amiga de varios de los convocantes (Elba Esther Gordillo), no da para más en estos tiempos. Al menos no con los actores que acaparan los espacios de opinión”, aseguró el medio.
La marcha llegó a su destino casi una hora y media antes del programado acto simbólico mayor. Se suponía que a las dos de la tarde se entonaría el Himno, en cadena nacional. Pero a esa hora sólo quedaban unos cuantos en los alrededores del Ángel y todos los dirigentes se habían ido.
Cerca de las tres de la tarde, los integrantes del Centro de Investigación y Docencia Económicas seguían dando vueltas, aguerridos, alrededor de la glorieta. Sus alegres consignas subrayaban la ausencia de los alumnos de la UNAM, quienes no respondieron al llamado de su rector.
“La pobreza de la movilización se prestó, claro, a múltiples conclusiones. Una posible, las élites no tienen capacidad de convocatoria”.
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