Policía de Jalisco le bajó el pantalón y le ordenó a Rubén que le metiera el palo en el ano a su amigo; quería se inculparan de “conejeros”

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(04 de octubre, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Luego de haber sido detenidos de manera arbitraria y condicionar su libertad de entregar cierta cantidad de dinero y no acceder ante la extorsión de policías de Jalisco, Rubén, Saúl y Mario padecieron distintos tipos de tortura física.
Horas más tarde, fueron separados, de tal forma que cada uno de estos tres extranjeros estaba en un espacio distinto, pero aun así alcanzaban a escucharse. Saúl, que fue el primero en ingresar, fue llevado hasta este lugar por Carlos Alberto Torres Blanco, quien le dijo: “hijo de tu puta madre, aquí vas a saber qué es cantar el abecedario, aquí te voy a partir tu madre”.
Así, comenzó a darle patadas en los glúteos, en el pecho, en los brazos, de tal forma que hizo que se doblara del dolor y cayera al piso. Ahí los policías le estiraron piernas y brazos mientras Carlos Alberto Torres Blanco se arrodillaba en su espalda, encima de él le dijo al oído que no trabajaba para el gobierno, que traba jaba para otras personas y que le pagaban para ver correr sangre y mochada y eso haría con él, indica el testimonio, obtenido porRevolución TRESPUNTOCERO, de la investigación realizada por el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo (Cepad).
En seguida de intimidarlo, “le colocó una bolsa de plástico en la cabeza para provocarle asfixia, mientras otros dos policías se sentaron en sus piernas para que no se moviera. Pasó alrededor de una hora, cuando por fin los policías pararon los golpes contra Saúl y se fueron de ese espacio, dejándolo en el piso golpeado.
Minutos más tarde escuchó que metían a otras dos personas a las celdas contiguas a quienes identificó por sus voces y gritos como Rubén y Mario. Por los testimonios se puede inferir que estos actos fueron cometidos por el personal de distintas áreas, tales como el área de investigación de robo a bancos, el área de investigación de robo a vehículos de carga pesada y el área de robo a negocios, que los detuvo en un primer momento”.
En cuanto a Rubén, los policías que se encontraban custodiándolo le dijeron que formaban parte de una investigación de robo a bancos; además le dijeron que tenían a su hija y a su esposa, y que necesitaban que les firmara veinte procesos de participaciones de él y de sus connacionales como “conejeros”., esto es, “personas que se dedican al robo de cajero automático, y que si no los firmaba nunca volvería a ver a su esposa e hija. Dicho esto, le pusieron una grabación donde se escuchaba una niña llorando que decía: ‘no más papito, háblales’, el extranjero consternado por todo lo que estaba viviendo en ese momento pensó que sí se trataba de su familia”.
En ese momento llegó el policía Carlos Alberto Torres Blanco, a Rubén lo desnudó y le realizó un vendaje en todo el cuerpo y comenzó a golpearlo con sus puños, con las piernas y con las rodillas, de tal forma como si se tratara un “costal de box” al igual que a su amigo, éste le manifestó que no era policía y que la institución le pagaba una cantidad en efectivo para desaparecer a gente como él.
“Este último dicho es muy grave en el sentido que no solo hay una alerta sobre la práctica de la tortura, sino también hay una alerta en lo que respecta a desaparición forzada, cabe señalar que Carlos Alberto Torres Blanco sí es, o era, servidor público. Sin embargo, estas amenazas normalizadas pueden ser un indicador de otros delitos de lesa humanidad como la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales, que por mucho tiempo el Estado ha disfrazado bajo el delito de abuso de autoridad”, indica la Cepad.
Rubén escuchaba los gritos de su amigo Mario, y éste a su vez lograba escuchar los gritos del Rubén, como ese suceso había iniciado con Saúl, que escuchaba los gritos de Rubén y de Mario mientras los torturaban en estas celdas.
Mario manifestó que “cuando fueron separados en las celdas, los policías que se quedaron con él dijeron ser de “robo a trailers”, ellos le preguntaron también cuántos “jales” llevaba y que dónde trabajaba, a lo que respondió que estaba detenido por otra razón, entonces ellos le dijeron: “no empieces con tus mamadas” y le pegaron con las manos abiertas en la nuca y en la mejilla derecha.
Acto seguido, lo hincaron y le pusieron una rodilla en la espalda jalándole los brazos hacia atrás y, así, nuevamente le preguntaban dónde vivía y con quién trabajaba, pero como no les contestaba le ponían la bolsa en la cabeza nuevamente y cuando vieron que seguía sin responder dejaron de golpearlo”.
“En eso llegó ahí, Carlos Alberto Torres Blanco con Rubén para conducirlo hacia un baño cerca de donde Mario estaba. Estando en el baño, este policía levantó a Mario y le agachó la cabeza en el sanitario, preguntándole que si así iba a hablar; como no lo hizo tomó un palo de escoba con el cual le pegó en la espalda y como seguía sin decir nada, le bajó el pantalón y le ordenó a Rubén que le metiera el palo en el ano a su amigo”, señala Cepad.
Como se negó, ocasionó que Carlos Alberto Torres Blanco lo golpeara con el palo en la espalda con tal fuerza que el palo se quebró en tres pedazos. Rubén cayó al piso y estando ahí tirado, el policía Carlos Alberto se paró con un pie en el cuerpo de Rubén, tomó una de las puntas del palo quebrado y le picaba la espalda como si intentara enterrárselo.
“Con uno de los pedazos del palo Carlos Alberto se volvió con Mario y le dio en la frente, lugar en el cual Mario le había dicho que no le pegaran porque ahí no tenía hueso. En seguida, este policía tomó de nueva cuenta a Rubén, le colocó cinta canela en las rodillas, manos y piernas, lo hincó en el piso y lo empujó hacia adelante por lo que se cayó de cara y se golpeó la nariz, le puso su pie en la espalda y le jalaba los brazos hacia atrás. Luego lo levantó de los brazos y de los testículos y lo dejó caer al suelo, repitiendo dicha acción como cuatro o cinco veces”.
En tanto, Saúl escuchó, además de los gritos y gemidos de Rubén y Mario, la súplica de ellos hacia los policías para que no les metieran un palo por el ano. Pasados unos cuarenta minutos de que el policía Carlos Alberto Torres Blanco lo había dejado a él para irse con los otros dos sobrevivientes, volvió con Saúl más alterado y lo golpeó nuevamente al tiempo que le decía “hijo de tu puta madre, por eso los matan, el día que te vuelva a ver te voy a pegar un tiro en la columna y uno en cada pierna”, según esto para que Saúl se acordara de él toda su vida.
Luego de largas horas de tortura en las celdas de la calle 16, reunieron de nueva cuenta a Rubén, Mario y Saúl y los entregaron a los cuatro policías de la Agencia 20 Operativa Miguel Ángel Arreaga Arechiga, Moises Cornelio Jiménez Briseño, Ulises Alejandro Díaz Macías y José Guadalupe Hernández Sánchez, quienes los llevaron otra vez a los separos de la Policía Investigadora.
Ya por la noche, el comandante encargado de las celdas le preguntó a Rubén qué le había pasado, a lo que éste respondió que se había caído por las escaleras por miedo a decirle la verdad, entonces el encargado firmó un pase de salida para que otros policías lo llevaran a una Cruz Verde. En una de estas unidades médicas le tomaron radiografías y volvió a referir que todas sus lesiones eran porque había caído de las escaleras, le pusieron unas inyecciones y un vendaje en el pie y lo regresaron a las celdas en donde el comandante quien le dio el pase para la Cruz Verde, le llevó comida.
Después las tres víctima de tortura fueron obligados a firmar declaraciones y/o confesiones que se realizaron sin estar Rubén, Mario y Saúl presentes, sin contar con la presencia de un abogado y se firmaron sin que ellos las pudieran leer.
El anterior testimonio se logró obtener tras la valentía de Rubén, Mario y Saúl, quienes se atrevieron a dar a conocer la realidad de lo que vivieron y que negaron por miedo a que consitnuara, lo cual se ha corroborado con lo investigado por la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL 2016).
“Que da a conocer datos muy alarmantes para el estado de Jalisco, pues lo coloca en primer lugar a nivel nacional en lo que respecta a las declaraciones arbitrarias rendidas ante el Ministerio Público”.
Dicha encuesta se realiza sobre una muestra de diez mil doscientas treinta y seis personas que se encuentran privadas de su libertad al interior del Reclusorio Preventivo y del Centro de Reinserción Social, ambos centros penitenciarios del estado de Jalisco.
Cabe señalar que, en días posteriores fueron trasladados Rubén, Mario y Saúl al complejo penitenciario de Puente Grande, Jalisco, “en donde fueron ingresados al Reclusorio Preventivo. Al parecer, de todas las declaraciones que los obligaron a firmar, lograron que en tres de ellas se les dictara auto de formal prisión”, señala la organización.
Después de presentar denuncias por tortura y dadas las violaciones encontradas y argumentadas por los abogados defensores de Rubén, Mario y Saúl, en particular la tortura física, psicológica y sexual que sufrieron en la Fiscalía General del estado, el Juez dictó el 14 de mayo de 2015 la libertad de las tres víctimas.
“La sentencia precisa que el motivo de la absolución a Rubén, Mario y Saúl se fundamenta en: la falta de una detención en flagrancia; la falta de señalamiento directo en el momento de una detención; la falta de una disposición inmediata y sin demora ante una autoridad competente, lo que invalida una confesión.
Una manipulación en las pruebas ofertadas por parte del Ministerio Público, lo que las hace pruebas ilícitas además de haberse caracterizado por falta de fiabilidad, suficiencia, variación y relevancia; la violación al principio de presunción de inocencia; la falta de comunicación en el momento de su detención ante el Ministerio Público; la falta de asistencia consular en el momento de su detención ante el Ministerio Público; la falta de asistencia de un defensor de oficio o particular en las diligencias que practica el Agente del Ministerio Público”.
Sin embargo, los tres hombres fueron trasladados a una estación migratoria, argumentando que “no tenían en regla la documentación que les permitiera estar en el país”, lo cual era imposible al estar en prisión. El abogado defensor solamente pudo hablar con Rubén por escasos 10 minutos, al día siguiente esto ya no fue posible porque los tres fueron trasladados a la Ciudad de México para la deportación a su país.
Lo anterior pese a que uno de ellos tenía familia dentro del país y una actividad económica, en tanto uno más era casado con una mexicana y tenían hijos mexicanos. Finamente fueron sacados del país. Y aun ya no estando en México, la Fiscalía apeló la resolución que les dio libertad.
Además de esto, la Fiscalía pretendió hacer creer a los Magistrados de la Sala, que las lesiones de Rubén, Mario y Saúl “fueron provocadas por ellos mismos”, lo que se consideró en esa Sala como totalmente improcedente al tenor de lo siguiente: “en la causa obra acreditado que los acusados si fueron torturados, por lo que resulta del todo improcedente su manifestación respecto a que ellos mismos fueron los que se originaron las lesiones con el fin de una estrategia”.

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