Voy a llegar hasta lo último; saber si eran o no los cuerpos que me entregaron: familiar de víctimas San Fernando



Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0

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(24 de agosto, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- “¿De qué me sirve estar junto a mis hijos aguantando hambre los tres?” le cuestionó Nancy a su hermana Glenda segundos después que decidió dejar su casa y viajar junto a su padre y su hermano hacia Estados Unidos.   
Efraín ya había estado años antes en Estados Unidos, pero lo deportaron. Al regresar con su familia a Guatemala la situación de pobreza en la que se encontraban aunado a la enfermedad de su esposa, lo hizo intentar regresar al país del norte. En esta ocasión ya tenía 58 años y padecía diabetes. Su salud se debilitaba y sus hijos no creían que pudiera lograrlo solo. 
“Todos teníamos miedo de ese viaje a Estados Unidos. Incluso ese día le dije a mi papá que no lo hiciera. Yo sin saber le dije ‘si algo pasa, usted es el responsable’. Sin embargo él estaba pasando por un proceso económico bastante difícil por eso tenía que buscar el sueño americano nuevamente.
En Guatemala a él le costaba trabajar bajo el sol, porque tenía la piel delicada y se le agrietaba. Necesitaba atención médica pero la escasez en la que vivíamos y la enfermedad de mi madre lo obligó a tomar la decisión de volver. Por eso mi hermano Richard, de 22 años, dijo que él acompañaría a mi papá”, declara a Revolución TRESPUNTOCERO, Glenda García, familiar de tres víctimas de la masacre de San Fernando. 
Efraín estaba por irse, cuando le dijo a Glenda que pasaría a despedirse de su hija Nancy, pero ella le pidió que no lo hiciera. Él no hizo caso y caminó hacia donde la joven de 25 años se encontraba. 
Al verse, ambos se abrazados y Nancy comenzó a llorar, se separaron y en cuestión de segundos, Nancy dijo “me voy con ellos”. Ante eso, “yo le dije que estaba loca. Le dije que no podía dejar a sus hijos. Pero me respondió con una pregunta ¿de qué me sirve estar con ellos, aguantamos hambre los tres?”.
Acto seguido, Nancy le pidió a Glenda que los cuidara por ella. El 19 de agosto de 2010 por la mañana fue la última vez que ellas dos se comunicaron. Se sabía que ya habían llegado a México, pero no en qué punto se encontraban los dos hermanos y el padre. 

Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0

Nancy le pidió dinero a Glenda y le dijo que ese mismo día a las cinco de la tarde le volvería a llamar para indicarle cómo podía enviárselo. Y es que en el camino a la chica se la habían roto los zapatos y el pantalón desgarrado al cruzar un alambre, le comentó a su hermana. Pero nunca más volvió a llamar. 
“Han pasado siete años y yo tengo sentimientos encontrados; tristeza y dolor pero también fuerza para seguir luchando porque lo que les pasó ellos no es justo. Eran inocentes, eran personas que querían luchar y yo voy a llegar hasta lo último que es la verdad. Saber si mis familiares eran o no los cuerpos que me entregaron en esos ataúdes”, puntualiza Glenda. 
La tragedia de Mirna y Miguel Ángel, oriundos de El Salvador, forma parte de las 72 historias que conforman la masacre de San Fernando. Ellos perdieron a su hija Glenda. Sin embargo su búsqueda de justicia y verdad la han mantenido intacta. 
“Nosotros seguimos luchando hasta encontrar justicia. Por eso pedimos la exhumación del cuerpo para que sea ya una certeza. Pedimos al gobierno mexicano que permita que la Comisión forense puede extraer muestras del fémur que tiene El Salvador, para que así hayan tres muestras distintas, que arrojen si es o no mi hija”, comenta Mirna aRevolución TRESPUNTOCERO.
Quien a su vez recuerda que aun cuando a ella le dijeron que desde México llegaba la orden de no abrir el ataúd, hizo caso omiso y lo abrió. “Puedo decir que no pude reconocer a mi hija en ese cuerpo que me entregaron. Además, tampoco hubo evidencias de ropa, zapatos por eso tuve muchas dudas incluso con la prueba de ADN”.
Mirna comenta que aun cuando pidió documentos probatorios que le señalaran que ella era su hija siempre hubo una negativa. “Me dijeron que no abriera el ataúd porque tenía un químico que podía afectarnos bastante, de todas maneras nosotros lo hicimos y aquí estamos nada nos afectó”, comenta.
A Mirna fue la cancillería quien le informó que habían encontrado la credencial cerca de un cadáver, “pero no le garantizamos que sea ella pero si estaba cerca de una persona muerta”, le indicaron.
Sobre el tema, el padre de Glenda, Miguel Ángel, señala a Revolución TRESPUNTOCERO,que no puede concebir que las autoridades digan que no garantizan una realidad “porque ellos que son expertos debieron de ver qué ropa tenía puesta, así como qué zapatos. Todas esas son evidencias que nosotros no tenemos. Exigimos el derecho a la verdad, porque por ahora solamente estamos viendo la ineficiencia de las autoridades mexicanas en el proceso que se está llevando a cabo”.
Cabe recordar que, pasado un mes de la masacre, la PGR informó que 50 de las 72 víctimas habían sido identificadas con base en exámenes de ADN. Sin embargo, a partir de la entrega comenzaron los reclamos de las familias que indicaban que los restos entregados no correspondían a sus familiares.
Por ahora la investigación sigue abierta. En tanto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que “se trató de un caso de violaciones graves a los derechos humanos” por lo que otorgó la calidad de víctimas directas a los familiares de los migrantes asesinados.

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