“Mis pulmones me iban a estallar”; policías de BC lo torturaron, le rompen 7 costillas y le dejan el bazo deshecho


Foto: La Jornada BC

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(10 de agosto, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Cuando Adrián Vázquez Lagunas despertó de una cirugía que le practicaron de manera urgente, se enteró que tenía siete costillas rotas y una de estas costillas quebradas perforó el pulmón; le quitaron parte del bazo y le repararon la vejiga. También le extrajeron agua de los pulmones.
Un miércoles de septiembre del 2012 aproximadamente a las dos de la tarde, Adrián subió a su automóvil acompañado de un amigo a quien trasladaría a otro punto de Tijuana. Cerca del Boulevard 2000 fue donde los detuvieron policías estatales preventivos, “eso lo supe después, porque en su momento los elementos iban vestidos de civil y no iban en una patrulla, era un carro particular”, declara a Revolución TRESPUNTOCERO Adrián Vázquez Lagunas, víctima de tortura.
Quien comenta que le apuntaron con un arma y después lo esposaron, mientras dieron inicio los golpes en la cabeza; “ahí fue cuando comenzaron varias y largas horas de tortura”, afirma.
“Me preguntaban si yo traía armas y drogas. Les dije que no traía nada y comenzaron a buscar en el carro pero no encontraron nada. Después ellos sacaron un rollo de bolsas color blancas y me las pusieron en la cara. Me tapaban la respiración, para después preguntarme si el carro era robado, les dije que no. Después de meterme a la camioneta que tenían me llevaron a un lote baldío donde comenzaron a golpearme de nuevo; nuevamente me pusieron la bolsa en la cara y me arrastraron”, narra.
A Adrián le dieron varios golpes en el estómago y en las costillas. Mientras los policías estatales seguían preguntándole si tenía drogas y armas y si tenía una casa de seguridad. “Yo les decía que no sabía de qué me hablaban, que yo no tenía nada de eso”.
La tortura cesó solamente para trasladarlo a la delegación de la policía, ahí le tomaron una fotografía a Adrián y mientras lo mantenían detenido, uno de los elementos cuestionaba su parecido con otra persona. Uno más decía “que no se parecían”, mientras otro afirmaba que sí. Ante estos comentarios, Adrián pidió que le dijeran con quién lo estaban comparando, ellos sólo me respondieron: “cállate hijo de tu puta madre”.
“Después me llevaron a un cuarto oscuro y ahí me quitaron las esposas me pusieron cinta adhesiva en las manos y los pies para después nuevamente volverme esposar, esto lo hicieron porque ya se me estaban quedando las marcas de las esposas en la piel y tenían que protegerse para que no se viera la evidente tortura.
Ahí nuevamente comenzaron a golpearme. También me vendaron los ojos con cinta adhesiva. Yo sentía que una persona me golpeaba en los pies, otro en la cabeza y otro a mitad del cuerpo. Me pusieron la bolsa de plástico, porque estaban aferrados a que yo les dijera que era ‘el macho prieto’, un líder del cártel de Sinaloa; pero no sabía eso en ese momento y como tampoco lo era me negaba. Después de repetidas veces me quitaron la bolsa y me pusieron una toalla en la cara”, continúa comentando Adrián.
Encima de la toalla que cubría su rostro comenzaron a aventarle agua. “Fue ahí cuando dejé de aguantar porque sentía que mis pulmones me iba a estallar, solamente respiraba agua y me desmayaba. Mientras me seguían echando agua alguien me brincaba encima del estómago. Que ponían los dos pies encima mío”.
Es por lo anterior que Adrián les pidió que pararan y que si querían que fueran a revisar su casa. “Ya me estaba muriendo y tuve que decir eso para que pararan”. Lo llevaron a su casa y rompieron los candados para entrar, se metieron de manera violenta al domicilio y registraron toda la casa, al no encontrar nada, comenzaron a golpear a Adrián frente a los vecinos.
Lo volvieron a subir a la camioneta blanca y ahí mismo dentro de la calle privada le colocaron nuevamente la bolsa para asfixiarlo mientras golpeaban su estómago. Una vez que llegaron a la delegación, lo hicieron cambiar de ropa, le proporcionaron unos tenis blancos, un pantalón azul y una camisa polo color verde.
“Pero ese día yo llevaba un short blanco y una playera color azul, además andaba en chanclas. De ahí me trasladan a un sitio donde estaba una mesa y veo que ahí hay armas, balas, droga y me dijeron que era todo lo que yo traía. Volví a negarme. Les dije que eso no era mío y que no iba a firmar nada, por eso me volvieron a sacar y a golpear nuevamente. Pero después de todo esto por segunda vez firmé, porque ya no aguantaba la golpiza que me habían puesto. Después me tomaron fotos”, añade la víctima.
Lo trasladaron al médico de la Procuraduría General del Estado y Adrián le dijo que se sentía mal y que tenía golpes en el cuerpo. Los policías que estaban dentro del consultorio respondieron: “cuáles golpes si nosotros no te hemos golpeado”.
Poco después ante la imposibilidad de Adrián de siquiera sostenerse en pie, una doctora ordenó que lo trasladaran al hospital de Rosarito para su revisión. En el nosocomio lo revisaron por medio de rayos X y le informaron que debía ser sometido a una cirugía urgente, porque tenía golpes internos.
Fue hasta ese momento cuando pudo comunicarse con su esposa para informarle todo lo que había sucedido. Después de aquella cirugía y otros procedimientos clínicos para salvarle la vida, al otro día al despertar, se percató que los mismos policías que lo habían detenido y torturado estaban ya dentro de su habitación. Quienes le dijeron que ellos no lo habían golpeado y lo habían hecho los de la PGR.
“Yo les dije que no era así. Que ellos me habían golpeado porque yo los reconocía que eran de la policía estatal preventiva. Los que me detuvieron fueron los que me torturaron. Entonces ellos se quedaron ahí todo el día y toda la noche y ahora era tortura psicológica. No me dejaban dormir y en el momento que yo quería hacerlo comenzaban hacer ruidos, escándalos para que yo me despertara asustado.
Después de ahí me trasladaron al hospital de Tijuana, yo tenía apenas unos días de operado y ya me querían enviar a la prisión. Pasé tres días en el segundo hospital pero ellos seguían haciendo presión a los médicos para que me dieran de alta y fuera a la cárcel”, describe Adrián.
Quien dentro del hospital tuvo un careo con los policías y denuncia que aún estando la abogada defensora y quien tomaba la declaración, los elementos comenzaron a burlarse de él. En menos de dos semanas y recién operado por la noche a Adrián lo sacaron del hospital de Tijuana los mismos estatales que lo habían torturado, señala. Y lo llevaron a la prisión. “En mi condición uno de ellos me quiso pegar, aun cuando yo tenía una especie de diálisis por la operación de la vejiga”.
En el trayecto no se detuvieron y le dijeron que si los denunciaba todo lo que le habían hecho a él, se lo harían a su esposa y a sus hijos. Después de su recuperación de dos semanas en la penitenciaría de El Hongo, lo enviaron a una celda. “Y ahí comenzaron  mis tres años en prisión”, declara Adrián.
Después de ese tiempo se dio un desvanecimiento de datos por parte de un magistrado, lo que llevó a la víctima a obtener su libertad. “Claro que la secuelas existen cuando recién salí no podía dormir en mi casa, me sentía inquieto, con pánico. No podía escuchar un ruido porque me despertaba de inmediato. Siempre quería dormir con ella y todos mis hijos en un lugar donde me sentía protegido. Ella decía que tenía que tranquilizarme pero yo no he podido”.
Además, agrega que “yo siempre sentía que tenía que estar alerta que no fueran a llegar estos policías que supieran que yo estaba libre o que hubiera represalias. En cuanto a la salud sigo sintiéndome mal, no puedo tomar cualquier trabajo. Porque luego algunas empresas hacen revisión médica y al ver mis lesiones y cirugías me descartan”.
“Este tipo de experiencias son terribles y todavía la seguimos viviendo porque los elementos que me torturaron no han sido detenidos, no me han reparado los daños y cuando se pide ayuda te ponen trabas”, indica.
Los tres policías estatales quienes han sido denunciados por tortura son: Francisco Ponce Huerta, Manuel Camacho y Martín de Dios García Orozco. Ellos no solamente siguen libres, sino a decir por Olga Luna, esposa de Adrián y hoy activista a raíz del caso de tortura de su esposo, “siguen trabajando sin ninguna afectación”.
La tarde de este miércoles, comentó Olga Luna a Revolución TRESPUNTOCERO, le llegó una notificación en la que el juez no podrá girar ninguna orden de aprehensión en contra de estos tres elementos, puesto que han obtenido un amparo. Anteriormente ya habían sido presentados pero en ningún momento hubo la posibilidad que se les detuviera, denuncia.
Acompañada de la notificación, llegó un documento en el que se cita a Olga Luna y a su vez se le cobra una multa por 7 mil 500 pesos. Ella comenta que la cantidad es porque ha denunciado y a decir por ellos “no comprueba que su esposo fue víctima de tortura por parte de estos tres elementos”. Sin embargo no es la primera vez que alegan lo mismo, “y como existen las pruebas estoy tranquila”, sin embargo para Olga y su familia lo más indignante es que no exista justicia ante un caso evidente.
Olga Luna, comenta al medio que en el proceso “contra estos tres agentes torturadores se giró la orden de aprehensión en diciembre del 2016, entonces ellos se ampararon y salieron bajo fianza por lo que nosotros apelamos”. Pero la respuesta de este miércoles fue un nuevo amparo en favor de los elementos estatales.
Por ahora, no solamente pesa sobre la familia de Adrián el coraje por las injusticias y el temor a las represalias, sino también la incertidumbre cuando la economía de su familia se encuentra desequilibrada, puesto que no han recibido ningún tipo de ayuda por parte del gobierno. “Dicen que todavía no tienen recursos, porque apenas se aprobó la ley de víctimas. Mi esposo si tiene severos daños físicos y constantemente se enferma, es difícil con eso, cuando nuestros pocos recursos sirvieron para intentar salir adelante mientras él estaba en prisión”, indica.
Olga Luna, también teme por su familia y su esposo, por lo que señala al medio que si existen algún tipo de represalia en contra de ella y su familia o algún otro tipo de daño, incluso mortal, responsabiliza de manera directa o indirecta a los tres elementos de la policía ya mencionados y al Secretario de Seguridad Pública, Daniel de la Rosa Anaya.

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