El federal le disparó directo a la boca; “él quería respirar pero por cada bocanada de aire sacaba una de sangre”

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(14 de julio, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Entre las 11:00 y 11:30 de la mañana un policía apuntó con un arma y fijó como objetivo a Anselmo Cruz Aquino. De inmediato una bala le penetró por la boca, bajó por su cuello y pudo haber salido por las costillas, en vez de eso, dio vuelta en “U” y llegó a los pulmones los cuales perforó.

El cuarto de siete hermanos. Tenía padres, una esposa y dos pequeños hijos de cinco y tres años. Pensar en el joven de 33 años, quien había llegado a Nochixtlán a visitar a su familia a propósito del día del padre, es sentir que en México el Estado ha convertido la vida en injusta y cruel, afirman los sobrevivientes.

José Luis Cruz Aquino, hermano de Anselmo, narra a Revolución TRESPUNTOCERO que al llegar a la zona de enfrentamiento (ellos dos y su hermano menor Eloy) se dieron cuenta que otro de sus hermanos, Gilberto había recibido un disparo.

“A Gilberto le dispararon en la tibia aproximadamente a las 8:30 de la mañana; lo llevaron de inmediato al hospital cuando nosotros estábamos cerca del panteón apoyando al pueblo. La represión ya era bastante fuerte; los disparos comenzaron desde los primeros momentos no hubo tregua”, declara José Luis.
El primer herido de bala fue a las ocho de la mañana -aproximadamente- calcula José Luis. “Después a Anselmo le dispararon ya para las 11:30 de la mañana. Ya estábamos cansados. Nos encontrábamos ubicados de lado del puente dónde está la mezcaleria, haciéndonos a un lado porque estaban aventando gas lacrimógeno. Nos replegamos pero cometimos el error de hacernos a un lado del terreno baldío”.
José Luis comenta que al parecer los estaban cazando, “por qué nos hicimos a un lado pero no siguieron tirando balazos, al percatarnos de eso nos pusimos pecho tierra los tres hermanos que estábamos juntos, también lo hicieron otras personas que estaban con nosotros.
Poco después vimos como le dieron un balazo a Jesús Cadena Sánchez, le dieron en la ingle. Yo me arrastre hacia donde él estaba para auxiliarlo y le decía que se apretara la herida pero no me entendía porque estaba gritando del dolor”.
En ese momento se escuchó un balazo, dos balazos, tres balazos, cuatro balazos, todos contra Yalid Jiménez. José Luis corrió a auxiliarlo. Nuevamente se escucharon detonaciones. Esta vez una de esas balas fue a la boca de Anselmo.
“Honestamente entra la desesperación porque yo veo a mi hermano con un pedazo de piel colgando y como trata de respirar, trata de mantenerse despierto. Recordar eso es doloroso porque todavía está presente, duele mucho.
Se recuerda y se vuelve a sentir esa impotencia que se tiene al querer salvarlo y no poder. Todo pasó en tres minutos máximo no más. Era día del padre nosotros íbamos a visitar al nuestro que vive en Nochixtlán, pero en vez de eso mi padre de regalo recibió a su hijo muerto”, declara José Luis.
Por su parte, el menor de los hermanos Cruz Aquino, Eloy de 24 años, recuerda ese día y declara a Revolución TRESPUNTOCERO, “nos habíamos organizado para venir a ver a mi papá, pero nos tocaron los disparos aunque estábamos tiramos pecho tierra. Yo estaba a menos de medio metro con mi hermano Anselmo.
Yo vi como Anselmo recibió la bala en la boca. Pero ya no pude ayudarlo porque a la hora de querer hacer fuerza me desangraba. Pero no podía dejar de pedirle a Dios que se recuperara mi hermano”.
Al momento de llevar a Anselmo a donde se encontraba la ambulancia, José Luis vio a su hermano Eloy desangrando por la parte de la cabeza, con un pedazo de piel expuesto por el roce de una bala.
Eloy comenta que cuando volteó a ver a Anselmo, sintió como le pasaba la bala rozando. Si él no hubiera volteado a ver a su hermano, asegura, le hubieran dado directo en la frente.
“Al llegar al hospital, a Anselmo lo atendieron en el suelo pero cuando vieron que era grave lo subieron a la camilla, ahí lo trataron de revivir. Yo estaba preguntando qué había pasado con mi hermano mientras me cocían la herida. De pronto apareció José Luis y me dijo: ‘¿Sabes qué carnal? no aguantó’. Yo no lo podía creer.
En ese momento le pregunté a mi hermano José Luis ¿Y ahora cómo le vamos avisar a su esposa. Qué le vamos a decir a papá y a mamá? no sabíamos qué hacer, nos fuimos a la orilla de la carretera y nos quedamos en silencio pensando qué íbamos a hacer”, recuerda Eloy.
Quien comenta a este medio que mientras esperaban que entregaran el cuerpo de Anselmo, se enteraron que habían ya federales. Por lo que le dijo a su hermano que no podían dejar de seguir luchando y debían volver.
“Ha pasado un año pero no por eso el dolor se superó, todavía me sigo preguntando por qué le pasó a él, si yo estaba a su lado. Por qué le pasó a él que tiene familia. Lo mataron y tenía hijos. Yo que estuve cerca de él no me pasó nada”, comenta Eloy.
Para José Luis el daño fue psicológico, comenta, porque vio morir a Jesús Cadena, e inmediatamente después a su hermano. Vi como le dispararon a Yalid, intenté que mi hermano se salvara. Al llegar al hospital vi un escenario terrible, vi a muchos compañeros heridos de bala en la pierna y en la cabeza.
“Uno de nuestros compañeros tardó mucho morir, él recibió un balazo en la cabeza. Después de ver todo eso, más tarde en la funeraria cuando llevaron los cuerpos de los caídos, levantaron a Jesús Cadena y salió mucha sangre por su glúteo porque la bala lo traspaso. Una imagen difícil de asimilar”, indica José Luis.
Luego de practicarle la necropsia de ley a Anselmo, el médico legista les explicó que por el daño que hizo la bala, tal vez pudo haberse salvado pero, con los daños graves pudo haber permanecido para siempre en cama. Por lo que José Luis señala que, por más frío que suene, era preferible que falleciera a que estuviera condenado a estar postrado en una cama sufriendo.
“Él tenía dos hijos pequeños, la niña de cinco años y el niño de tres. A ellos les falta el sustento pero también les falta un padre que jamás podrá ser sustituido. A un año recuerdo la manera en que mi hermano murió. Es doloroso porque llegó ese momento crucial y difícil.
Él quería respirar pero por cada bocanada de aire sacaba una bocanada de sangre. Por cada movimiento brusco que hacíamos para intentar cargarlo, salía sangre. Mi ropa y mi cuerpo estaban bañado en sangre. Yo tampoco me explico cómo fue que a mí no me dispararon porque yo me hinqué para poder parar a mi hermano, les di la espalda a los tiradores. A quien sí le dispararon fue a Yalid Jiménez, que estaba a mi lado”, finaliza José Luis Cruz Aquino.

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