La bala penetró la cintura, le acabó las vísceras y se quedó atorada en el corazón: padre de víctima de Nochixtlán

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(29 de junio, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- ¿Cuánto va a que sí aguanto? le preguntó Juan Antonio Jiménez, padre de Yalid Jiménez Santiago al médico legista, quien le pidió que saliera de la sala porque le practicaría la necropsia a su hijo y no podría resistir presenciarla.

A un año de la tragedia de Nochixtlán, Revolución TRESPUNTOCERO volvió a conversar con el maestro Juan Antonio Jiménez, quien con la mirada triste y la voz cansada, asegura que la muerte de su hijo sigue “sin avance y sin justicia”. Asegura que aun cuando el subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Roberto Campa Cifrián, visitó la zona y se realizaron mesas de diálogo “con pura demagogia, nunca se cumplió nada y ahorita no hay avances”, señala.


Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0
Antonio Jiménez, señala que el director de las averiguaciones previas “llegó pero solamente quiso tratar el caso de mi hijo y los demás no los iba a investigar porque les preocupó mucho que Yalid fue en quien probaron primeramente el armamento para ver si les funcionaba.

Eso les preocupaba, ellos venían ‘por el chavo de rojo’ que cayó, se le dijo que no podíamos permitir que investigaran nada más a uno. Por eso el director de averiguaciones previas ya no prosiguió, no lo permitimos, estaba fuera de contexto venía para un fin y para beneficio de ellos”.

Desde aquel momento las investigaciones se estancaron y “les han dado largas”, señala el maestro. Sin que se concrete algo, porque por el momento no existe una mesa de diálogo. Por ahora el abogado de Jiménez trabaja en una denuncia sumada a a otra que se mantiene con una organización de Derechos Humanos que llevó la queja ante la Corte Interamericana.

“Hemos tenido que caminar hasta ahí porque a nivel país no ha habido nada. Por eso cuando fuimos a ver la cruz de mi hijo que se encuentra cerca de la carretera donde cayó, le dije a los representantes de la CNDH, ONU y a la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, que espero que como organismos internacionales y nacionales puedan ayudar y pongan de su parte para que haya justicia”, señala Jiménez.

Cabe destacar que el 18 de junio pasado, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en México, Jan Jarab, visitó Nochixtlán y recorrió la zona donde cayeron las primeras tres víctimas, poco antes había caminado por Hacienda Blanca, otra población donde hubo violencia a manos de las policías y Gendarmería.


Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0
En Nochixtlán, el presidente de la DDHPO, Arturo Peimbert, narró los hechos violentos, al mismo tiempo que señaló a Jarab y a Luis Raúl González Pérez, presidente de la CNDH, los puntos desde donde las fuerzas policiacas dispararon y llegaron hasta las cruces, sitio donde fallecieron tres de las ocho víctimas.

Sin embargo, Juan Antonio Jiménez lamenta que los defensores de Derechos Humanos no pueden ser partícipes de lo jurídico y solamente realizan una investigación en la que aun con todos los elementos que obtienen, se mantienen en ciertos márgenes, por lo que “el apoyo se reduce”.

La mañana del domingo 19 de junio de 2016, Juan Antonio había regresado a casa después de pasar unos días con su sector magisterial en Oaxaca, esperaba a su hijo Yalid pero él tardó en llegar por lo que salió a desayunar acompañado de su esposa.

De camino a casa, ambos escucharon los altavoces del pueblo, avisaban que los maestros estaban padeciendo un ataque armado y pedían que el pueblo se uniera y los apoyara. “Le dije a mi esposa que esperara a mi hijo mientras yo iba a ayudar a mis compañeros; agarré mi sombrero, un bote de agua y un paliacate después me fui”.


Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0
Después de un rato de estar en la carretera mi esposa me llamó por teléfono y me dijo que habían herido a mi hijo, pero yo no sabía dónde estaba Yalid; después de irme llegó él a casa, al saber del ataque fue a buscarme para ayudarme. Se llevó una bolsa de agua, coca cola y un paliacate”, recuerda Jiménez.

Yalid Jiménez Santiago se encontraba cercano a la zona donde estaba su padre, pero nunca se vieron, al joven le dispararon por la espalda en varias ocasiones, fue el primer caído aquella mañana.

“De donde él cayó yo estaba cerca, hubiera ido a levantarlo pero no lo vi; después de un tiempo fui a verificar con mis propios pasos y fueron 40 metros donde estuvo tirado mi hijo, estuve cerca de él. La bala que lo perjudicó fue la que le penetró por la parte derecha de la cintura, le acabó las vísceras y se quedó atorada en el corazón, esa fue la bala que le quitó la vida”, recuerda Antonio Jiménez.

La segunda llamada que recibió el profesor Antonio Jiménez era nuevamente de su esposa, le avisó que su hijo ya estaba en una funeraria. “Yo no lo podía creer, como pude me salí para ir a donde me decía ella y cuando llegué y lo vi, intenté darle respiración de boca a boca pero mi hijo ya se había ido”.

Al maestro, un médico le dijo que ya nada podía hacerse, que “le acabaron las viseras ya no hay solución” declaró. “Ahí me quedé con mi hijo y como a las 12 de la noche llegó el médico legista y me pidió que me saliera porque iba hacer la necropsia”.


Foto: Emma Martínez / Revolución 3.0
Pero Antonio Jiménez se negó a salir, dijo que se quedaría con su hijo a fin que el procedimiento lo hicieran con legalidad y no hubiera ningún tipo de prueba alterada o resultado final. El médico le dijo al profesor que “no aguantaría el procedimiento”, a lo que él le respondió “¿Cuánto va a que sí aguanto?”.

Fue así como pasó las siguientes dos horas y media observando cómo abrían el cuerpo de su hijo Yalid. “Vi todo, donde le tocaron las balas a mi hijo que fue en el brazo derecho, en la pierna, otra en las pantorrillas y la que le afectó fue la de la parte derecha de la cintura esa le llegó al corazón”, recuerda Antonio Jiménez.

Que señala “el exgobernador anterior nunca aceptó la culpa, y en el Senado la versión fue que las víctimas eran quienes llevaban armas, pero eso fue mentira porque lo único que llevaban eran piedras, palos, ondas y nada más.

Ahora resultaron ser víctimas los policías, según el informe que da el Senado y los heridos y fallecidos son victimarios”, indica el padre. Quien menciona que Yalid dejó tres hijas. La menor de seis, la siguiente de ocho años y la más grande de nueve años, la última es quien aún no ha podido asimilar la perdida de su padre, declara el maestro.

“La mayor de las niñas todavía sigue cuestionando cuándo regresa su papá, ¿por qué ‘la santa’ se lo llevó? y quiere que su papá regrese, ella todavía tiene esa secuela que no va poder superar. Eso me duele porque lo que siente también yo lo siento”. Antonio regresa nuevamente a la escena de la necropsia y recuerda que pidió que guardaran la bala que extrajeron del cuerpo de su hijo.

“Ya vi dónde estuvo la bala y quiero que se guarde porque sé que a mi no me la van a entregar, pero finalmente me convertí en un testigo de dónde se fue alojar la bala que mató a mi hijo”, dijo el maestro, mientras el médico legista le confirmaba que “no tenía derecho a entregarla”.

Pasadas las dos de la mañana el cuerpo de Yalid estaba preparado para los funerales, Antonio solamente esperaba que llegara el Ministerio Público. Después se lo entregaron a un padre, que asegura en ese momento tenía mucho coraje. Mientras su madre esperaba en casa desecha de dolor, y quien tuvo que visitar médicos incluidos psicólogos derivado de la muerte de su hijo en dichas circunstancias.

“Es difícil que haya justicia así como vamos, con este maldito gobierno que lo quiere es dejar todo en la impunidad, todos los casos que han sucedido. Tenemos el caso de Guerrero ya son tres años y no hay avance. Aquí el gobierno quiere hostigarnos y aburrirnos para ya no seguir exigiendo justicia. Pero por nuestra parte seguiremos luchando para lograr justicia, dudo un poco pero la esperanza muere al ultimo”, puntualiza el maestro Juan Antonio Jiménez, un año después de los hechos violentos acaecidos en Nochixtlán, Oaxaca.

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