viernes, 3 de marzo de 2017

Felipe Calderón y su guerra contra la sociedad

Felipe Calderón y su guerra contra la sociedad
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Pobre señor Presidente ya no hay nadie que lo aguante…Pobre tirano casero tan pedestre y tan porfiado, mandón pero bien mandado si el que manda es un banquero. Pobre jerarca aprendiz tan terco y ensombrecido, tan solo y desatendido de la gente del país. Pobre y grave mandamás tan hablador y tan hueco, tan inútil y tan pacheco y tan sin pueblo detrás, escribía Benedetti. Una acertada descripción de un pobre Felipe Calderón rechazado, cuestionado, señalado. Así es, el hablador. El que vocifera y luego calla ante la exigencia de explicaciones.
Aunque no son pocos los mexicanos que reconocen el sexenio sangriento de Calderón y su innegable culpabilidad, ya son cada vez menos los que se atreven a reprocharle haber convertido a México en un cementerio clandestino. El productor Epigmenio Ibarra, es uno de los principales detractores del sistema corrupto y asesino que ha proliferado sexenio a sexenio con la derecha en el poder.
Lo que le ha valido ser un “enemigo del gobierno”. Prueba de ello, y la más burda ahora mismo ha sido el tuit enviado por Calderón, en días pasados: “@epigmenioibarra a @televisa?”.  Con lo que el panista pretende cuestionar una supuesta relación entre el productor y Televisa.
De inmediato Epigmenio ha sabido responder: “No recurra, Felipe Calderón, a trucos sucios de publicista electoral marrullero. Hablemos con franqueza y respeto”. Invitándolo así a un debate. Calderón calla, peor aún, tuitea sobre “otros temas”, dejando atrás en el timeline su acusación, sin fundamento serio, fingiendo demencia, acción característica de él y del sexenio, donde muchos también lo calificaron de “alcohólico” con mayores argumentos.
El productor habría escrito: “¿Que quien soy yo para emplazarlo a un debate, Felipe Calderón? Nadie. Un ciudadano que vivió la guerra y jamás quiso que ésta llegara a México”. A esto se suma que posiblemente sea el único o ya de los pocos ciudadanos del país que noche a noche lucha porque los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa no se olviden. Quien a casi tres años sigue tocando memorias para que junto a él se exija la justicia tan anhelada.
Claramente Epigmenio Ibarra ha mencionado “aquí pretenden que los muertos y los desaparecidos sean cifras, sin rostro, sin nombre, sin historia. Y lo que pretendemos cada noche es decir que tienen nombre, tienen historia, nos duele, están presentes”. Un pensamiento que ha llevado a la práctica en otros casos donde el gobierno ha sido o cómplice o culpable directo.
Año tras año también ha dado acompañamiento a los padres de los niños fallecidos y/o afectados severamente durante su estancia en la guardería ABC, uno de los casos más crueles que involucraban a parte de la familia de la esposa de Calderón, Margarita Zavala, que hoy cínicamente habla de su próxima candidatura a la presidencia de la República. Como si el país no tuviera memoria histórica.
Pero ahora mismo, el señalado como responsable de provocar miles de desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y torturas, juzga a quien pide justicia, a quien sin importar la seguridad personal no calla, no se frena, no escatima en denunciar constantemente uno de los episodios más negros del país: el sexenio de Calderón.
Epigmenio Ibarra es hoy un ejemplo de una reducida parte de la población que se indigna y no calla, por lo que se convierte ipso facto en enemigo del gobierno. Muchos lo son, pero pocos asumen las consecuencias de usar su oficio para defender a los de abajo, a los silenciados.
Sobra decir que los ataques de Felipe Calderón en contra del también periodista tienen justificación, Epigmenio Ibarra lo denunció ante la Corte Penal Internacional por lucha contra el crimen organizado. Porque nuevamente es de los pocos que reconoce que “México está quebrado, roto moralmente” y que muchos no se han dado cuenta del significado de 100 mil muertes violentas, donde el 95 por ciento está impune.
Ibarra podría ser cuestionado o juzgado, pero nunca por una incongruencia ideológica. Sus acciones han dejado en claro de qué lado se encuentra. Contrario a esto, Felipe Calderón ha pasado a la historia como el ocupante -espurio- de la silla presidencial que le declaró la guerra la sociedad civil, en un desesperado intento por ‘legitimarse’, bajo el pretexto de “combatir al narcotráfico”. Año tras año sus acciones fueron denunciadas por organismos internacionales, como Human Right Watch.
Que afirmó que al transcurrir cinco años desde que Calderón declaró la “guerra” contra la delincuencia organizada en México, el país había sufrido un incremento dramático de la violencia. Y es que tras un descenso sostenido que se mantuvo durante casi dos décadas, la tasa de homicidios aumentó más del 260% entre 2007 y 2010.
El gobierno estima que hubo casi 35 mil muertes relacionadas con la delincuencia organizada entre diciembre de 2006 y fines de 2010, incluido un aumento drástico cada año: pasó de 2 mil 826 muertes en 2007 a 15 mil 273 en 2010. Para 2011, la prensa informó sobre más de 11 mil muertes.
Desmemoriado, a propósito, Felipe Calderón poseedor de un gran cinismo, juzga sin argumentos a quienes lo han cuestionado con hechos, sobre una guerra que ejecutó, desapareció y torturó a cientos de miles de civiles que llamó “daños colaterales”, mientras dejó crecer las células de los distintos cárteles del narcotráfico.
El panista señalado a nivel internacional, acostumbra a criticar a quienes señalan su sangriento sexenio, donde se asesinaron desde adultos hasta bebés, cuyos padres siguen clamando por justicia, mientras ven a hacer campaña política cínicamente a su cómplice: Margarita Zavala.
Bajo estos antecedentes, lo único que le resta es el burdo ataque verbal, el cual corta y se esconde cuando lo invitan a debatir. Y es que con graves violaciones a Derechos Humanos sobre la espalda, este hombre no es capaz de ver a los ojos a quienes le piden explicaciones de una de las etapas más cruentas de la historia contemporánea de México. Y es que si no escuchó a los expertos que le pedían evitar la masacre mexicana, mucho menos a un pueblo que sí lee, sí cuestiona, sí informa y se informa y sí tiene conciencia social y que por ello defiende y da voz al vulnerable.
En este México rojo, bañado en sangre primero por Calderón y después por Peña Nieto, existen mexicanos que denuncian la traición y exigen castigo para los culpables. Entonces al no encajar con el modelo maniqueo oficialista de servilismo, se convierten en una verdad incómoda. Pero sin sus voces difícilmente podríamos llegar a construir un panorama real, verdadero y cabal de nuestra memoria histórica.

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