martes, 24 de enero de 2017

Desprestigio gubernamental por no investigar Ayotzinapa es menor que dar a conocer la verdad: Rector de la IBERO

Foto: Universidad Iberoamericana
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Ciudad de México.  El costo del desprestigio que ha pagado el gobierno mexicano por no investigar la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, acontecida el 26 y 27 de septiembre de 2014, es menor al precio que tendría que pagar si se conoce  la verdad de los hechos, consideró el Maestro David Fernández Dávalos, S. J. Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
“El asunto es que se está protegiendo a alguien más importante que el Presidente de la República, más importante que el gobierno de turno que estuvo involucrado en los hechos de Ayotzinapa; es decir, se está protegiendo a una persona, a una institución o a un colectivo, y por eso están dispuestos a pagar el precio que han pagado en este momento, internacional y nacional de desprestigio, porque lo que está en juego es bastante más importante”.
Al presentar en la IBERO el libro El tiempo de Ayotzinapa, escrito por Carlos Beristain, ex miembro del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), el Rector dijo que el de Ayotzinapa es un caso paradigmático porque permite comprender lo que ha pasado y está pasando en el país. Empero, “no es porque sea más importante que otras desapariciones; sino porque aquí tenemos la posibilidad de mirar porqué se han dado las otras desapariciones y quiénes son los agentes del Estado que en ellas han participado”.
“Los 43 no son más importantes que otros desaparecidos del país. Son un caso relevante, son un caso transparente; porque con la investigación de este caso podremos saber qué están haciendo el crimen organizado y el Estado mexicano”, agregó.
Como componentes de este paradigma mencionó los siguientes:
Hay una alianza en la que colaboran una parte del Estado y el crimen organizado.
Se da una actuación criminal conjunta entre los agentes del Estado y del crimen organizado.
No se realiza una investigación sobre ese crimen cometido por agentes del Estado y criminales organizados. No investigar quiere decir que, o se desvía la investigación o se fabrican culpables, se exculpabiliza a los agentes del Estado y se recarga sobre sólo los criminales. No hay por tanto una impartición de justicia, y entonces viene la impunidad, esa que se convierte en el mensaje que está por debajo de estos componentes.
El tiempo de Ayotzinapa
Sobre El tiempo de Ayotzinapa, el Maestro Fernández Dávalos mencionó que en este libro Carlos Beristain, su autor, una y otra vez pregunta quién fabricó “la verdad histórica” y para qué. Además, el integrante de la ex GIEI menciona que “alguien se esconde detrás de los escenarios”, y eso es lo que tenemos que descubrir, porque entonces descubriremos quién se esconde detrás de todo lo que está ocurriendo en este país.
El Rector calificó al texto de un libro revelador, lúcido y brutal, en el que quien lo escribe no exagera la realidad, pues los hechos hablan por sí solos. En la obra Beristain va narrando cómo se ha desarrollado la investigación y cómo se han conducido las instituciones del Estado: la Procuraduría General de la República (PGR), la Secretaría de Gobernación (Segob) y los peritos.
El libro, escrito por un testigo presencial, es una historia que su autor “elabora desde el corazón de lo vivido, desde adentro. Es una historia íntima de lo vivido por el GIEI, y de las investigaciones que realizó el Estado mexicano. Parte de una experiencia, de una reflexión sobre lo que supone meter la mano, el corazón, en el dolor de las víctimas. El texto está escrito desde el dolor de las víctimas, desde sus intereses, en una afinidad que sin duda tiene Carlos Beristain”.
La narración involucra al lector, lo va haciendo partícipe de cómo se van descubriendo las cosas. Y cuando se va leyendo uno se da cuenta, entre otras cosas, que:
La desaparición es una forma de ocultar pruebas; es un recurso que usan las instituciones represivas del Estado o de seguridad del Estado.
-El caso parece un muñeco desmembrado, ya que el hecho de Iguala son 10 escenarios distintos que luego son dispersados por la investigación que realiza la Procuraduría.
-Se destruyó evidencia.
-Los restos calcinados que presentó la PGR se parecen más a los de un horno crematorio que a los de una fogata a cielo abierto.
-Las bolsas con los restos carbonizados fueron presuntamente arrojadas en el río a 50 kilómetros del basurero de Cocula.
-Los 45 casquillos de bala que la PGR encontró apilados en el basurero de Cocula los halló hasta 15 días después de los primeros peritajes, en los que participaron 60 personas.
-En el último peritaje, sobre el fuego en el basurero, la PGR montó un escenario.
-A pesar de que “la verdad histórica” dice que los teléfonos fueron quemados, éstos siguieron funcionando hasta meses después.
-Torturaron a todas las personas que detuvieron un mes después de los hechos; para ajustar sus declaraciones a lo que ya iba siendo “la verdad histórica”.
-Las versiones de la PGR estigmatizaron a los normalistas como narcos.
-Es inverosímil que de 43 muchachos ninguno haya intentado escapar o resistirse.
-Los soldados del 27 batallón estuvieron enterados desde las 8 de la noche, cuando los muchachos llegaron a la caseta de Iguala.
-Alguien decidió desprestigiar al GIEI y a sus integrantes en lo individual, a partir de las revelaciones que fueron haciendo, y de la insistencia en entrevistarse con el 27 batallón del Ejército.
-El gobierno no quiso salir a respaldar con su voz al equipo del GIEI.
Asimismo, el Rector de la IBERO resaltó que en el libro, que es “un instrumento para continuar investigando y presionando”, su autor hace las siguientes reflexiones interesantes:
Los representantes institucionales le dicen a la gente cómo tiene que afrontar su pérdida, mientras no le dan lo que necesitan para ello; la verdad.
Las medias verdades extendidas como manchas de aceite son fáciles de decir y difíciles de probar.
La probabilidad de que estén muertos (los normalistas) parece ser una especie de seguro para la tranquilidad de quienes no los buscan.
En México los diarios anuncian la explicación que dan las autoridades para dejar las cosas más o menos tranquilas. Esas explicaciones casi siempre culpabilizan a la víctima, a sus seres cercanos o atribuyen la responsabilidad a hechos sin control.
Sin entender el dolor de la desaparición forzada no hay investigación posible, ni relación con los familiares que la acompañe.
En la presentación del libro, además del Rector David Fernández Dávalos también participaron: Carlos Beristain, exmiembro del GIEI y autor de El tiempo de Ayotzinapa; el periodista Ricardo Raphael; y Clemente Rodríguez Moreno, padre de Christián Alfonso Rodríguez, normalista desaparecido de Ayotzinapa.
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Universidad Iberoamericana
24 enero 2017
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