Sembrar comunidad, respuesta a los proyectos de despojo en la Huasteca Potosina

Gabriela Lazalde / Mauricio González (Desinformemonos)

foto: Mauricio González / CORASON

Xilitla, San Luis Potosí I La Huasteca potosina forjada al fuego del pueblo nahua, téenek y pame como muchas regiones del país, se encuentra amenazada por el despojo. Sin embargo, de forma organizada, construyen caminos comunitarios para hacer frente a los proyectos de muerte. 
Para discutir las estrategias de cómo hacer frente a los agravios que amenazan la vida campesina indígena de la región, el pasado 4 de diciembre se celebró una reunión convocada por la Coordinadora de Organizaciones Campesinas e Indígenas de la Huasteca potosina (COCIHP),  quienes son parte fundadora de la Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio Huasteca-Totonacapan (CORASON), la cual se realizó en la Casa Nahua con la presencia de comisariatos de 24 núcleos agrarios de los municipios de Xilitla, Matlapa y Tamazunchale. 
La región se suscribe en una línea donde no sólo las formas vernáculas están en juego, sino la continuidad de permanecer en el mundo. Ante la disyuntiva, las alternativas tienen como eje el “hacer comunidad”. Con diferentes acciones de investigación, difusión, formación y acompañamiento a diversos procesos de defensa territorial, que incluyen  proyectos comunitarios como huertos orgánicos, la construcción de letrinas secas, el acopio de agua pluvial, la capacitación en técnicas agroecológicas, la producción y comercialización de café orgánico y el manejo sustentable de recursos agroforestales,  son algunas de las iniciativas que se vinculan de forma comunitaria,  al gran esfuerzo de defenderse frente al despojo.
En la última década la región se ha visto sumergida en políticas neoliberales y que implican el abandono de la producción campesina y en proyectos de “desarrollo” que despojan a la población local de grandes extensiones de territorio, los cuales son ricos en recursos naturales.
Algunos de estos proyectos “sembradores de muerte” son la exploración y extracción de hidrocarburos no convencionales por medio de fracking, en al menos 20 municipios de San Luis Potosí;  tres termoeléctricas en Tamazunchale, un trasvase de Cuenca desde Pánuco a través del Proyecto Monterrey VI, dos gasoductos que impactarán a varias comunidades y represas de ríos que afectarán a 38,000 hectáreas que incluyen comunidades de Ciudad Valles, Tanlajás y Aquismón. 
Guadalupe Espinoza Saucedo, asesor legal de diferentes luchas territoriales, revisó junto con los comisariados diversos instrumentos legales y preventivos frente a las amenazas que se avecinan. Destaca que una defensa territorial no tiene futuro si no se trabaja en tres ejes fundamentales: el primero es agotar todas las acciones o instancias jurídicas en las que se argumenten los agravios y potenciales daños que producen en la población este tipo de proyectos.
El segundo es hacer énfasis en la construcción y el fortalecimiento de un sujeto social, cuyas acciones políticas deben incidir en los diferentes ámbitos:  comunitario, regional, nacional y hasta internacional si es necesario. Por último mencionó que es fundamental mantener a la opinión pública informada sobre la problemática y las acciones que se realicen.
Una meta propuesta es alcanzar que las comunidades produzcan sus propias formas de comunicación y divulgación.
No hay comunidad más segura como aquella en donde se trabaja y se toman  los acuerdos en asamblea. En ese sentido,  el fortalecimiento de reglamentos ejidales y estatutos comunitarios son fundamentales para la protección de los territorios frente a los megaproyectos, consolidando en ellos los futuros deseados por los pueblos originarios, sus poseedores ancestrales.  No se trata solo de rechazar a los proyectos de desarrollo de muerte, sino construir juntos un futuro más justo, más equitativo y más autónomo.
Dentro de las estrategias de defensa que aparecen como prioritarias, están aquellas que se dedican a recuperar las capacidades productivas de la unidad familiar.  Numerosas políticas públicas implementan programas que hacen del productor un consumidor al entorpecer las formas de autoabasto. Todas las políticas neoliberales son anticampesinas y bajo esa impronta toda producción campesina es subversiva.
Es la lucha por la vida la que conglomera todas las formas de resistencia que actualmente se enarbolan en la Huasteca, comunidades que han dado rostro, fuerza y corazón a una región indómita que hierve de diversidad biológica y cultural. En la Huasteca estamos sembrando caminos, caminos comunitarios.
Gabriela Lazalde y Mauricio González los autores son integrantes de la  ENAH y CORASON
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