jueves, 17 de noviembre de 2016

El silencio de Trump ante el cambio climático

Redacción Desinformémonos
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En medio de las preocupaciones sobre la misoginia de Donald Trump y los correos electrónicos de Hillary Clinton, la campaña presidencial de este año y los debates fueron una cadena interminable de proclamas superficiales. Las cuestiones de “carácter” ocupan un lugar central, mientras que las discusiones significativas sobre las diferencias políticas son casi invisibles.
La cuestión más crítica que enfrenta la vida en la tierra es casi olvidada.
Esta ausencia es aún más desconcertante dado que el Departamento de Defensa de Estados Unidos publicó un informe en 2015 que declaró al cambio climático global como una de las principales amenazas a la seguridad nacional y mundial. La Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina ha estado publicando informes de advertencia durante años. Incluso la Asociación Nacional de Comisionados de Seguros ha reconocido las graves consecuencias del cambio climático para las empresas de seguros.
Curiosamente, esta miopía parece ser un rasgo claramente estadounidense que no es compartido por otras personas alrededor del mundo. Consideremos, por ejemplo, la comunidad de Saipu, en Nepal, que visitamos en julio para recoger historias de las condiciones post-terremoto de los agricultores de subsistencia. Devastado por los terremotos en la primavera de 2015, la mayoría de los residentes todavía vivían en refugios temporales construidos con bambú y chatarra. El alivio sustancial no existía. Catorce meses después de los terremotos, la gente luchaba con la gracia y el humor que lograron mantener para aparentar una vida normal. Sin embargo, el ritmo de la vida fue interrumpido y muchos hablaron solemnemente de la pérdida de la dignidad humana que vino con el sufrimiento de sus nuevas condiciones de vida.
Si alguien pudiera tener el derecho de ignorar algo tan abstracto y global como el cambio climático, sería esta gente tratando de recuperarse del desastre justo delante de ellos. Sin embargo, sus historias siempre estaban entretejidas con historias de preocupaciones aún mayores. El más prominente de estos fue el cambio climático global.
Durante la última media docena o más de años, los patrones climáticos en Nepal se han vuelto cada vez más erráticos. Los glaciares están retrocediendo, la nieve se está derritiendo antes, las lluvias monzónicas son menos predecibles, y la lluvia demasiado o muy pocas veces altera los patrones agrícolas tradicionales. Para un país de agricultores, las consecuencias a nivel nacional son terribles. Recientemente, las Naciones Unidas designaron a Nepal como una de las 34 naciones, la mayoría de África, que experimentan una grave inseguridad alimentaria debido a factores climáticos.
Durante el mes que estuvimos allí, las granjas de Saipu debieron haber sido alimentadas por las constantes lluvias monzónicas. En su lugar, los cielos húmedos produjeron sólo breves duchas en la tarde. Cuando sugerimos que el monzón aún podía llegar, la respuesta siempre fue algo como: “Sí, pero cada hora que no lo hace es un desastre”.
Los agricultores de Saipu tienen un profundo conocimiento a largo plazo sobre las variaciones climáticas. Su observación de que la interrupción de los patrones climáticos se debe al cambio climático global no es especulación, ni su conocimiento de la fuente última del problema. Como nos dijo un hombre mientras vigilaba su rebaño de cabras y vacas, “las personas que están causando el cambio climático nos están matando”.
La ironía intencional de esta afirmación es evidente. Situado en medio de lo que algunos científicos han llamado “el tercer polo” de la tierra – el Himalaya – Nepal y su gente no tienen nada que ver con las causas del cambio climático. Sin embargo, este pequeño país y sus habitantes son un receptor primario del desastre creado por los excesos del mundo industrializado.
El cambio climático se debatió en Nepal, entre todos los agricultores de subsistencia y los miembros del Parlamento. El contraste con el silencio en los Estados Unidos fue sorprendente.
Este silencio durante la campaña presidencial dice mucho sobre la naturaleza de nuestro país. Mientras disfrutamos de la generosidad del sistema global, ignoramos las consecuencias de nuestra opulencia. Para el pueblo de Saipu y otras regiones marginadas del mundo ese silencio es ensordecedor.
Ahora, que Trump es prácticamente el presidente electo, su posible llegada a la Casa Blanca ha ha tenido una primera consecuencia negativa de gran calado: incertidumbre. En un momento especialmente frágil, en el que comienzan a asentarse las bases para la transformación revolucionaria de nuestro modelo económico para hacer compatibles prosperidad y clima, la incertidumbre es un mal enemigo. En campaña, Trump se burló de manera reiterada del cambio climático, despreció a la comunidad internacional e insultó de forma reiterada a quienes, junto con Obama, facilitaron una era de entendimiento y colaboración,  cuyo fruto más evidente es el Acuerdo de París sobre cambio climático.
En el ámbito internacional, existen tres incógnitas: ¿reducirá Estados Unidos sus contribuciones financieras en materia de clima?; ¿abandonará el marco jurídico internacional integrado por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Acuerdo de París? y,  el cambio de posición de Estados Unidos, ¿generará un efecto emulación por parte de terceros o el naufragio del modelo de cooperación en curso?
Aunque lo repitió varias veces en campaña, renegociar el Acuerdo de París está fuera del alcance de Trump.
El documento ya fue firmado y ratificado por Estados Unidos a través de una acción ejecutiva de Barack Obama. Para salir de este instrumento, la administración Trump tendría que esperar tres años después de la entrada en vigor del acuerdo, es decir, hasta el 4 de noviembre de 2019, según el artículo 28 del Acuerdo de París.
Después de presentar una “denuncia” solicitando su salida del acuerdo, Estados Unidos debe esperar un año adicional para que la medida surta efecto, según las reglas del juego.
En otras palabras, aunque Trump lo intentara, no le alcanzaría el cuatrienio en la Casa Blanca para completar el procedimiento legal y retirar a EU del acuerdo. Esto se debe en buena medida a la previsión de los arquitectos del documento.
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