Durante 2016, diez niños migrantes de origen hondureño han fallecido en su tránsito por México

DESAPARICIONES NIÑO ADOLESCENTES
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(01 de noviembre, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- “…No sé si irme a mi casa o quedarme aquí. Le pido a Dios que ilumine mi mente y me guíe por el camino bueno. Yo quiero estudiar y superarme.
Pero sé que si regreso a mi país no estudiaré, ni haré nada porque mi madre tiene un hombre y lo prefiere más a él que a mí, por eso me vine a México, para superarme y ser alguien en la vida.
Pero creo que mejor me voy, porque aquí en la migra me siento triste, y si me quedo pasaría mucho tiempo encerrada. Besos, Muaaa”, escribió es su carta del adiós Beatriz Jaidé, una menor de edad migrante, de origen hondureño, detenida en una estación migratoria de México, de acuerdo al informe Arrancados de Raíz, realizado por Acnur.
Beatriz, tenía 15 años en 2013, cuando estuvo aprendiendo a hacer trencitas para el cabello con una amiga africana que conoció al estar detenida. Llevaba siete días en la Estación Migratoria de Tapachula, sin saber cuál sería su destino, por lo que finalmente escribió dicha carta.
Ella nació en Honduras, en la periferia de Tegucigalpa, cursó la educación básica, pero ya no continúo por falta de apoyo e interés de su madre. Los padres de Beatriz Jaidé se separaron cuando ella tenía cinco años porque su padre golpeaba a su madre. Ella se quedó a cargo de Beatriz y de otro hermano más pequeño. El padre desapareció y Beatriz Jaidé ya no volvió a saber más de él.
Beatriz dio a conocer a ACNUR, que ella y su hermano se criaron con su madre, pero ella nunca les puso suficiente atención. Crecieron entre el puesto de verduras en el mercado y las visitas a casa de su abuela materna en la ciudad.
Después su madre se encontró a otro hombre y tuvo otro hijo. A partir de ese momento, el desplazamiento de Beatriz y de su hermano fue total, al grado que la madre envío al hermano a vivir a casa de su abuela y a Beatriz “la soltó” y le perdió todo interés. Ella sacó sus estudios por sí sola, un poco con el apoyo de su abuela y otro poco con el empeño personal.
Contó que, al cumplir 13 años, el esposo de su madre y un sobrino de él que vivía con ellos comenzaron a hostigarla sexualmente. Habiendo sido víctima de toqueteos por parte de ambos de noche y de día, se atrevió a contárselo a su mamá; sin embargo, ella no le creyó, y por el contrario, la golpeó.
Por lo que decidió ausentarse de su casa y después de saber que una de sus amigos se iría a México, Beatriz decidió partir con ella sin avisar a nadie, ni siquiera a su madre o a su abuela.
Dos días tardaron en llegar a Ciudad de Guatemala, donde se hospedaron en casa de una amiga común. Desde ahí siguieron hacia México en “combis” y autobuses hasta llegar al Suchiate y arribar por Ciudad Hidalgo en balsa al país.
De acuerdo con el informe Arrancados de Raíz, “una vez en Guatemala tres pueden ser las rutas a seguir: por el norte de Guatemala, El Ceibo, Tenosique y El Naranjo; por el centro La Mesilla y El Carmen; y por el sur, Tecún Umán.
En definitiva, la frontera Guatemala-Chiapas es la puerta de entrada más amplia y transitada de la frontera sur de México. Con sus 654 kilómetros y sus 17 municipios colindantes, constituye un espacio de integración social entre pueblos y comunidades de ambos lados de la frontera, y representa el vértice de ingreso de uno de los flujos más concurridos y vulnerables de todo el continente”.
Estando en Tapachula, su plan era llegar cerca de Tonalá, a una playa turística de la costa chiapaneca donde se encontraba una conocida de su amiga, quien trabajaba en un bar.  Pero eso no pasó, porque Beatriz perdió de vista a su amiga y quedó sola en la ciudad.
A señas y con la información que le había contado su amiga, ella decidió intentar llegar al sitio, pero en el camino, cuando se trasladaba en combi, a las afueras de Tapachula fue detectada en un retén de migración.
La menor le dijo a Acnur que nunca se le informó sobre su derecho a solicitar la condición de refugiado, y apenas se había podido comunicar con su abuela. Se quedó pensando si debería solicitar o no esa posibilidad.
E incluso, de acuerdo a Acnur quedó bastante convencida de hacerlo, bajo el argumento claro de: “Allá nadie ve por mí y me pueden agredir en el barrio las pandillas y en casa mi propia familia. Con mi madre no cuento pues a ella sólo le interesa él y no yo, y creo que aquí podría encontrar a personas más buenas”.
Sin embargo a los dos días del hecho, ella se fue, regresó a su país, sin presentar solicitud alguna de refugio, solamente dejó esa carta de despedida. A los dos días en una tercera visita que realizó personal del ACNUR, se había ido. Regresó a su país, no presentó la solicitud y sólo dejó una carta de despedida.
Los activistas y organizaciones defensoras de migrantes, han declarado en este año que México ha fracasado en su deber de proteger a los menores que transitan por el país, con miras a llegar a Estados Unidos, muchos de ellos movidos por la violencia que existe en sus países de origen.
Ya que en lugar de recibir ayuda y dar a conocer sus opciones, porque posiblemente necesiten refugio al ser víctimas de violencia, pobreza y haber padecido amenazas de bandas criminales, son maltratados por las autoridades migratorias, según testimonios de los menores.
De acuerdo a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en México, aunque muchos de los menores mantienen un riesgo de perder la vida en caso de volver a sus países de origen, “menos del 1% de los detenidos por la autoridad migratoria mexicana son reconocidos como refugiados o reciben algún tipo de protección formal en el país”.
Como ejemplo, se encuentran las cifras que dan cuenta que de casi 19 mil niños migrantes no acompañados interceptados en el territorio mexicano, durante el 2015, las respectivas autoridades sólo proporcionaron protección internacional a 52.
Sobre el tema, en el informe Puertas cerradas: el fracaso de México a la hora de proteger a niños refugiados y migrantes de América Central, Human Rights Watch documenta grandes contradicciones entre la legislación mexicana y su puesta en práctica.
“No hay un interés en la protección correspondiente, aunque sabemos que muchos de estos niños, hasta la mitad, puedan tener buenos casos para ser refugiados”, mencionó a la BBC Mundo Michael Bochenek García, asesor jurídico principal de la División de Derechos del Niño de HRW.
Solamente Honduras, ha sido el país que ha dado a conocer que, hasta octubre de este año, 77 hondureños inmigrantes han muerto en México, de acuerdo a la Dirección General de Protección al Hondureño Migrante y durante el mismo período 10 niños han fallecido en su tránsito por este país.
La mayoría de los fallecimientos están vinculados a homicidios, accidentes tanto de automóvil, como al caer del tren, igualmente se registran muertes por deshidratación, asfixia y hasta por causas naturales.
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