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El futuro de México: 1 de julio, no habría otra oportunidad. (Guillermo Fabela)

 
El futuro de México: 1 de julio, no habría  otra oportunidad
Desde luego, no será con el binomio PRI-PAN como habremos de encauzar una vida política más esperanzadora, pues el principal fundamento de su labor pública


En el foro de la Fundación Colosio, titulado “El futuro político de México”, se habló del desencanto de la sociedad por nuestra democracia, tal como lo reconoció el senador Manlio Fabio Beltrones, quien puntualizó que la sociedad está hastiada de las riñas y desencuentros entre los partidos políticos y los poderes, motivo por el cual no se ha podido construir una gobernabilidad democrática. Se dio la alternancia, pero no se avanzó un paso más, como lo esperaba la ciudadanía. Sin embargo, vale señalarlo, como se ven las cosas, buena parte de la clase política no tiene voluntad para actuar en favor de los cambios que reclama la sociedad, no le interesa salir de la mediocridad que caracteriza al sistema político mexicano, pues gracias a ésta lucra y disfruta privilegios inmerecidos.

Ciertamente, mientras la mediocridad y la falta de escrúpulos de la clase política sigan siendo los elementos más visibles del quehacer público, el futuro político de México estará en entredicho, con muy escasas expectativas de mejoría. Es incuestionable que los cambios que introdujo en el sistema la tecnocracia, no sirvieron de nada, al menos nada positivo, como lo patentiza la realidad. Se liquidó el PRI corporativo pero no se crearon nuevos mecanismos que fortalecieran la vida política nacional, sino todo lo contrario, al generarse condiciones para que los gobernadores que así lo quisieran, y pudieran, actuaran como auténticos señores feudales, con las consecuencias que estamos padeciendo.

Desde luego, no será con el binomio PRI-PAN como habremos de encauzar una vida política más esperanzadora, pues el principal fundamento de su labor pública es tener poder para usarlo con una finalidad patrimonialista y de control social, no de servicio a la colectividad ni mucho menos de búsqueda del bien común. Esto lo han visto claramente los jóvenes que apenas están incursionando en la vida pública, como los estudiantes que integran la organización “#YoSoy132”, para quienes no hay duda sobre las causas de nuestra mediocre realidad, motivo por el cual rechazan por principio la imposición de un mandatario sólo comprometido con los poderes fácticos y grupos de interés conservadores y proclives a la corrupción.

Según el secretario general adjunto del partido tricolor, Luis Martínez Fernández del Campo, el punto de vista de los universitarios contestatarios sobre Enrique Peña Nieto, “es temerario, porque Peña Nieto trae programas y propuestas”. Desde luego que así es, sólo que no son los que convienen a la gran mayoría de la sociedad nacional. Ese es el problema de fondo, no que el mexiquense sea un hombre inculto y un frívolo consumado. Esto lo tienen muy claro los universitarios, y saben que un sexenio más con las instituciones al servicio de la oligarquía más reaccionaria, tendría consecuencias muy graves. De ahí su preocupación.

La radicalización de la vida pública que se está viviendo en estos días, es la respuesta a los abusos de la clase política, que sigue actuando como si los grupos mayoritarios fueran insensibles al dolor. Se tiene la esperanza de cambios verdaderos, pero si son anulados por la fuerza, como sería el caso si se quisiera llevar a sus últimas consecuencias un fraude electoral, el desencanto de la sociedad pasaría a un plano mayor, el del enojo, que podría dar margen a protestas de mayor impacto, sobre todo si se descompusiera aún más la economía del país, como así está sucediendo.

La devaluación de 10.3 por ciento en mayo es un mal presagio, porque podría desencadenar una serie de fenómenos adversos en la macroeconomía que acabarían con el principal logro de la tecnocracia. Que un dólar haya llegado ya a 14.50 pesos nos coloca en el filo de una escalada de precios, que de producirse no sería fácil frenar, a pesar de que el Banco Central esté inyectando millones de dólares diariamente para estabilizar el mercado. Llegaría el momento en que no pueda seguir haciéndolo, y además está el hecho de la salida de capitales por un monto de 100 mil millones de dólares en los dos sexenios panistas.

Lo único sensato en este momento es que la tecnocracia acepte el imperativo de aflojar las tensiones políticas y sociales, para poder generar una mínima gobernabilidad democrática, con lo que se abrirían posibilidades de acuerdos entre los diferentes sectores, en una etapa por demás crítica que está urgida de ellos. La sociedad mayoritaria necesita despojarse de la camisa de fuerza que significan los intereses oligárquicos. Si no se quitan por la buena, aceptando el grupo en el poder este imperativo ineludible, no quedaría más opción que hacerlo por otros métodos, cuyas repercusiones no favorecen una necesaria gobernabilidad democrática.

Lo más razonable en la actual coyuntura es que no se pongan obstáculos a la voluntad popular expresada en las urnas. De ahí la enorme responsabilidad del Instituto Federal Electoral (IFE) en esta hora, misma que debe cumplir con patriotismo y visión de futuro. No habría otra oportunidad.
 
Guillermo Fabela - Opinión EMET