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No quiso confesar el Papa a Calderón. (Álvaro Cepeda Neri)

 
No quiso confesar el Papa a  Calderón
Ya en dos ocasiones Calderón comulga en público, para lucir su fe y la práctica de ese rito. De todas las deferencias del Papa a Calderón, le negó la petición de escucharlo confesar su participación en los más de 60 mil homicidios



Ya en dos ocasiones Calderón comulga en público, para lucir su fe y la práctica de ese rito. De todas las deferencias del Papa a Calderón, le negó la petición de escucharlo confesar su participación en los más de 60 mil homicidios por su guerra no sancta; a sabiendas de que, como ha sostenido Benedicto XVI, el infierno existe, es eterno y no está vacío, como predicó en vísperas de cuaresma hace cuatro años, junto con temas de la tradición católica en su encíclica “Spe Salvi” (consultar el texto: Contra Ratzinger; editorial Grijalbo.-2007). Que más hubiera querido Calderón que ser absuelto de sus pecados-crímenes por el jerarca de El Vaticano (que no de Roma, la capital de Italia, y que confunden al señalarlo como Papa romano).
Calderón hubo de recurrir a su confesor, el cardenal Rivera, con el que Benedicto XVI tiene muy serias diferencias políticas. Así que el inquilino de Los Pinos, quien en el aniversario del nacimiento de Juárez recibió dura filípica por su insolente amenaza contra la Suprema Corte, sólo recibió del Papa el pan eucarístico como un trato especial. Pero no quiso confesarlo pues, temeroso de Dios el Papa no quiso cargar con hechos que no son pecados, sino delitos y competencia de psiquiatras. Temeroso del infierno, hace cuatro años Benedicto XVI afirmó que “la vida no acaba en el vacío y subrayó la existencia del purgatorio e infierno, de los que se habla poco, pero existen y son eternos.
Dispuesto Calderón a salvar su alma se jugó la petición para ser escuchado por el Papa pero su poder presidencial no sirvió, y sólo fue el primero en recibir la comunión. El desprecio debe haber sido frustrante, ya que el clero mexicano ha sido complaciente con el calderonismo y el Nuncio papal no pudo gestionar la encomienda. Resumiendo, pues, Calderón no logró participarle al Papa sus pecados. En otra oreja los vertió. Y apenas recibió la ostia del jerarca católico quien, públicamente dijo a los obispos y cardenales que abogaran por los pobres (Calderón deja el cargo con 50 millones de mexicanos en la vil pobreza) y cuidaran de los niños, como que sabe de los lobos que andan en el rebaño y uno fue el michoacano, paisano de Calderón, Marcial Maciel a quien este Papa trató durante los 24 años que estuvo en El Vaticano encargado de afianzar la doctrina católica.
Álvaro Cepeda Neri - Opinión EMET