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Si volvieran a escamotearle el triunfo a AMLO, el país entero se iría a la chingada. (Francisco Rodríguez)

Si volvieran a escamotearle el triunfo a AMLO, el país entero se iría a la  chingada
Lo que no se dice ni se pone como encabezado principal de los diarios donde publican los ñoños es que, si volvieran a escamotearle el triunfo a López Obrador, no sólo él, el país entero sí se va a ir a la chingada.



Doce años después, otro literato mexicano, Carlos Fuentes, escandalizó a la ñoña sociedad sesentera con su referencia al término en La Muerte de Artemio Cruz:
“Tú la pronunciarás: es tu palabra: y tu palabra es la mía; palabra de honor: palabra de hombre: palabra de rueda: palabra de molino: imprecación, propósito saludo, proyecto de vida, filiación, recuerdo, voz de los desesperados, liberación de los pobres, orden de los poderosos, invitación a la riña y al trabajo, epígrafe del amor, signo del nacimiento, amenaza y burla, verbo testigo, compañero de la fiesta y de la borrachera, espada del valor, trono de la fuerza, colmillo de la marrullería, blasón de la raza, salvavida de los límites, resumen de la historia: santo y seña de México: tu palabra:
“—Chingue a su madre / —Hijo de la chingada / —Aquí estamos los meros chingones / —Déjate de chingaderas / —Ahoritita me lo chingo / —Ándale, chingaquedito / —No te dejes chingar / —Me chingué a esa vieja / —Chinga tú / —Chingue usted / —Chinga bien, sin ver a quién / —A chingar se ha dicho / —Le chingué mil pesos / —Chínguense aunque truenen / —Chingaderitas las mías / —Me chingó el jefe / —No me chingues el día / —Vamos todos a la chingada / —Se lo llevó la chingada / —Me chingo pero no me rajo / —Se chingaron al indio / —Nos chingaron los gachupines / —Me chingan los gringos / —Viva México, jijos de su rechingada:
“tristeza, madrugada, tostada, tiznada, guayaba, el mal dormir: hijos de la palabra. Nacidos de la chingada, muertos en la chingada, vivos por pura chingadera: vientre y mortaja, escondidos en la chingada. Ella da la cara, ella reparte la baraja, ella se juega el albur, ella arropa la reticencia y el doble juego, ella descubre la pendencia y el valor, ella embriaga, grita, sucumbe, vive en cada lecho, preside los fastos de la amistad, del odio y del poder. Nuestra palabra. Tú y yo, miembros de esa masonería: la orden de la chingada…”
Glorificada en las plumas de los mejores autores mexicanos del siglo XX, en el actual milenio –sigue habiendo ñoños-- la palabra vuelve a usarse precisamente para chingar.
Todo a partir de la grabación de unas palabras del precandidato Andrés Manuel López Obrador quien dijera que de no alcanzar el triunfo en los comicios venideros se iría a La Chingada que, quién sabe si como dicen sus voceros es una propiedad rural o, en efecto, el lugar ignoto al que nos mandan y mandamos casi casi sin cesar.
Lo que no se dice ni se pone como encabezado principal de los diarios donde publican los ñoños es que, si volvieran a escamotearle el triunfo a López Obrador, no sólo él, el país entero sí se va a ir a la chingada.
Porque, continúa Fuentes, “…eres quien eres porque supiste chingar y no te dejaste chingar; eres quien eres porque no supiste chingar y te dejaste chingar: cadena de la chingada que nos aprisiona a todos: eslabón arriba, eslabón abajo, unidos a todos los hijos de la chingada que nos precedieron y nos seguirán: heredarás la chingada desde arriba; la heredarás hacia abajo: eres hijo de los hijos de la chingada; serás padre de más hijos de la chingada: nuestra palabra, detrás de cada rostro, de cada signo, de cada leperada: pinga de la chingada, verga de la chingada, culo de la chingada: la chingada te hace los mandados, la chingada te desflema del cuaresmeño, te chingas a la chingada, la chingada te la pela, no tendrás madre, pero tendrás tu chingada: con la chingada te llevas a toda madre, es tu cuatezón, tu carnal, tu manito, tu vieja, tu peor-es-nada: la chingada: te truenas el esqueleto con la chingada; te sientes a todo dar con la chingada, te pones un pedorrales de órdago con la chingada, se te frunce el cutis con la chingada, pones los güevos por delante con la chingada: no te rajas con la chingada: te prendes a la ubre de la chingada:
“¿a dónde vas con la chingada?”
Pues si vuelve a darse el fraude, nos vamos todos a la chingada. Todos.

Índice Flamígero: Desde hace seis años a Felipe Calderón lo cuidan médicos, enfermeras. Lo curan a diario. Viaja en aviones equipados para su confort. En helicópteros. Vehículos acondicionados. Le vigilan la dieta y sólo come lo que preparan expresamente para él. Sus jornadas, dicen, son de medio día, porque ya entrada la tarde, alargada la sobremesa… y aún así se ve agotado, cansado, acabado. López Obrador, en ese lapso, le ha dado dos veces la vuelta al país. Por carreteras mal pavimentadas, a través de brechas. De vez en vez lo revisa un médico. Come con la gente, lo que generosos le invitan a compartir. Sus andanzas inician en la madrugada y terminan avanzada la noche. Es natural que esté cansado. Lo natural, empero, es presentado en cierta prensa como excepcional
Francisco Rodríguez - Opinión EMET