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En 4 décadas, promesas y chascos del PRI-AN

 
En 4 décadas, promesas y chascos del PRI-AN



Son demasiadas las voces que advierten que los tiempos por venir serán económicamente muy difíciles y éstas surgen de quien se ha convertido en el eje sobre el que giran las finanzas en nuestro país: los Estados Unidos de Norteamérica. De ahí que cualquier pronunciamiento de los candidatos a la Presidencia de la República que nos hablen de bienestar, de crecimiento, de una vida mejor y de futuro promisorio será, para variar, una gran mentira o mejor dicho, una de tantas y tantas mentiras, salvo que nos revelen la forma en la que puede incentivarse el mercado interno, activar a nuestro campo para lograr abaratar los precios de los productos de mayor consumo que se importan actualmente, que señalen el rumbo que habrá de tomar tanto la producción como la distribución y la refinación del petróleo a fin no sólo de optimizar los recursos petroleros sino también los económicos.

En los tiempos de un Luis Echeverría candidato, la frase fue “¡arriba y adelante!”, en franca motivación para los ciudadanos de un país que parecía conforme con su estatus frente a un mundo que avanzaba y si bien en el terreno de crecimiento económico las expectativas eran infinitamente mejor, ya se veía venir lo que sucedería si se continuaba por debajo de la ola mundial. Ese “¡arriba y adelante!” se convirtió en un “abajo y atrás” ante el cúmulo de errores presidenciales cometidos, que lo mismo recayeron en un boicot que en devaluaciones y retraso educativo. Ni que decir de lo que ocurrió con José López Portillo y su “la solución somos todos”.
Ese “todos” no incluyó a los ciudadanos para “administrar la abundancia” que dijo se produciría por el milagro del oro negro. Es entonces cuando esa “solución” se midió en el terreno del crédito, del endeudamiento, del sube y baja con la banca hasta llegar a la nacionalización y multiplicar las tasas de interés que ya no volvieron a bajar nunca más y que décadas después siguen vigentes en dos altos dígitos. Tuvo don José otra frase célebre: “defenderé el peso como perro” y o no pudo o ni siquiera sabía ladrar, la devaluación de la moneda fue mortal y la salida de capitales mayor aún.
Llegó el ciudadano Miguel de la Madrid a la candidatura y logró muchos votos con eso de la “renovación moral” la cual ni se veía antes, ni durante y la cual todavía estamos esperando contemplando como han vivido y viven todos aquellos que estuvieron dentro de su mandato y para quienes esa renovación no se presentó jamás, como tampoco se manejaron resultados y si crearon otro elefante blanco: la contraloría, que hasta ahora no ha servido para atrapar a ningún pez gordo de los muchos que se prometieron. Se vendieron las paraestatales y surgieron como nunca multimillonarios al estilo de Jacques Rogozinski, de Guillermo Ortíz, del propio sucesor, Carlos Salinas de Gortari.
Ya de lleno en campaña “que hable México” y el país solo se expresó por la boca de don Carlos. Hasta aquí puede ya manejarse que en cada sexenio, a cada promesa hemos sufrido caídas, descalabros impresionantes de los que pasan décadas y no logramos superar ni medio aliviar. Y, así como Luis Echeverría pensó que podría cambiar hacia el socialismo a una Nación que contaba mal que bien con una derecha moderada y capitales nacionalistas causando un gran desorden y sin lograr ningún fin, Salinas de Gortari viró a la derecha y convirtió al PRI en una organización más panista que el nuevo PAN que encabezaron los que junto con él sentaron lo mismo al clero que a los EU a la gran mesa en donde pudieron repartirse al país a su antojo. La creación de millonarios, desde López Portillo, era irrefrenable y todos ellos surgidos del amiguismo, del compadrazgo, de la parentela.
Con Ernesto Zedillo la frase fue “bienestar para tu familia” y la clase media, la representativa del crecimiento en el mundo, se fue a la ruina, comenzó a desaparecer, el bienestar nunca llegó y el error de diciembre continúa presente así como las recurrentes caídas que sexenio tras sexenio se fueron produciendo. En ese bienestar prometido no figuró para nada retroceder en la gran devaluación de la moneda provocada por don Carlos disfrazada de la quita de los tres ceros al peso. La devaluación no se hizo esperar y las quiebras, tampoco. Los salarios y el poder adquisitivo sufrieron el gran derrumbe y es a partir de entonces que se encuentran en el sótano.
Vicente Fox enarbolo “el momento del cambio” y éste no llegó de la manera en las que se esperaba. Ni las víboras tepocatas, ni los ladrones, ni los que sangraron al país, ni los peces gordos prometidos hicieron su aparición sino todo lo contrario, se aliaron con ellos para conocer a profundidad el cómo y el cuánto se ganaba en cada transacción y de nuevo hemos sido los ciudadanos los empobrecidos y una buena cantidad de funcionarios, amigos, parientes, compadres y hasta brujos, los grandes beneficiarios de otra gran corrupción que cambió, sí, de colores, de vestido, en lugar de tricolor se transformó en bicolor.
Don Felipe Calderón prometió empleos y ese ha sido el gran talón de Aquiles. Las tasas y los reportes actuales hablan por sí solos del fracaso del mandato y no sólo en ese renglón sino en muchos más, en todos los órdenes que no tienen que ver con esa macroeconomía que defienden a capa y espada aún a costa de la mala, pésima educación, de los mortales servicios de salud, de la escasez de programas de vivienda y de políticas públicas. Ha creado una dependencia alimentaria brutal del exterior, se abandonó al campo mexicano y ahora se pagan las consecuencias con los altos precios de los productos básicos. Ni qué decir de que a los changarros de Fox respondió con las apertura sin límite de las grandes cadenas que ahogaron a los micro y pequeños comerciantes.
Sin llegar a mayores profundidades, solamente analizando cuales han sido sus lemas de campaña y quien de ellos ha cumplido con lo prometido, es que en el presente debemos de poner mucha atención a lo que se diga en esos tiempos, a lo que se asegure que va a realizarse, de otra forma parecerá que pueden pasar décadas y décadas y no hemos aprendido. Y los ejemplos pueden ser muchos, el último de ellos bien lo podemos encontrar en lo vibrante y fuerte de la voz del michoacano al asegurar que “lucharé hasta el último día por un país seguro”, eso ya suena igual que “defenderé el peso como perro”, y por lo tanto y de acuerdo también a sus declaraciones anteriores. ya podemos esperar un baño de sangre mucho mayor, más cadáveres, más inseguridad y después, tal vez, muchas lágrimas, igual que las derramadas por el difunto.
De resultar que no reflexionamos y, por lo tanto, actuamos con cordura en las urnas, no quedará otro camino que darle toda la razón al escritor Fernando Vallejo y su expresión “si México calla, yo también”.
Lilia Arellano